¿Quién es más rico, el que tiene más o el que necesita menos?
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¿Quién es más rico, el que tiene más o el que necesita menos?

Ésta es una pregunta de alta profundidad filosófica, y que por siglos se ha planteado la humanidad con insistencia cada vez mayor en las últimas décadas, principalmente en las sociedades que privilegian el consumismo.

Obviamente para ésta pregunta no hay respuesta correcta ni incorrecta, pues depende absolutamente de los valores predominantes en cada cultura, en cada familia, en cada individuo.

San Agustín de Hipona decía que “pobre no es el que tiene menos, sino el que necesita infinitamente más para ser feliz”, con lo cual introducía “la felicidad” como el elemento predominante en la determinación de la riqueza, y por el contrario dejaba de lado el criterio que establecía directa relación entre dinero y riqueza.

Un principio cardinal para el éxito financiero

Un principio cardinal para el éxito financiero es que el dinero sea siempre considerado una herramienta, poderosa por cierto, pero útil solo cuando está aplicado al servicio de principios superadores.

Su atesoramiento como valor en sí mismo solo revela vacíos emocionales que muchas personas precisan llenarlos de alguna manera, y obviamente operan con el criterio de que el dinero es sinónimo de felicidad, poder, reconocimiento, etc, y esto no necesariamente es así, ya que muchas veces el deseo enfermizo de acumulación conduce a pobreza, soledad, quebrantos, desvelos, etc.

Sobre amar el dinero y usar a la gente

Me viene a la mente el caso del multimillonario hindú acerca del cual madre Teresa decía que “era un pobre hombre que solo tenía mucho dinero”. “Ama a la gente y usa el dinero” sostenía Dale Carnegie, lamentablemente demasiadas veces el principio ha sido invertido y su aplicación ha quedado en “amar el dinero y usar a la gente”, lo cual obviamente es contrario a los valores superadores que deberían regir el comportamiento humano.

De hecho la felicidad, el amor, la armonía, etc., son atributos emocionales esenciales de la riqueza, y si bien el bienestar material facilita el camino para manifestarlos, el compromiso de vida debería ser con esos principios superiores y no con la herramienta material que los facilita.

Si bien con el dinero es posible comprar muchas cosas, el mundo está lleno de cosas prescindibles y por tanto innecesarias.

José Luis Sampedro decía “nos educan para ser productores y consumidores, no para ser hombres libres”, y ello lamentablemente conduce a las sociedades a percibir la acumulación como una necesidad, cuando que en realidad compartir responsablemente lo poco o mucho que cada persona pudiera poseer, es una infinita fuente generadora de felicidad.

Si observamos a nuestros padres o a nuestros abuelos, es muy probable que lleguemos a la conclusión que ellos carecían de dos autos, de pc o teléfono de última generación, etc., y no por eso eran menos felices.

Coincido que actualmente y con abundancia de dinero tenemos más “comodidades”, pero esos bienes consumibles no necesariamente nos llenan más como personas.

Tenemos tantas cosas que a veces olvidamos o postergamos aquellas que son insustituibles para disfrutar de riqueza:

Buena salud, excelentes relaciones en la familia y con los amigos, respeto y consideración de los empleados y clientes, y en fin muchas otras cosas que por tenerlas muchos pagarían todo el oro del mundo. ´por ello es indispensable valorar lo que se tiene y plantearse metas y desafíos que faciliten el éxito en equipo y en comunidad.

Waldo Emerson acuño ésta frase: “el éxito consiste en obtener lo que se desea. La felicidad en disfrutar lo que se obtiene

Hemos sido educados en una economía de necesidades:

Necesito ropa nueva, necesito otro auto, necesito zapato nuevo, necesito… necesito…. necesito… es una idea con la que hemos formateado nuestro cerebro, lo cual nos conduce inexorablemente a una vida de acumulación para prever carencias (generalmente imaginarias) y satisfacción meramente material, que a veces nos aleja de las cuestiones trascendentes e importantes de la vida en sociedad, y nos separan y aíslan como paraguayos a unos de otros, al punto de considerar que los problemas de los otros no nos competen, no nos incumben, y yo me pregunto si nosotros los paraguayos no nos hacemos cargo de lo que pasa en nuestro país, ¿quién lo hará?

El país es de todos, y todos somos responsables de construirlo día a día con lo mejor que tenemos para aportar. Caso contrario seguiría haciéndose realidad el pensamiento gauchesco de Martin Fierro que “mientras los hermanos se pelean se los comen desde afuera”.

One Comment

  • Corina Avalos

    Cuánta verdad hay en todo esto, lamentablemente no llevamos a la práctica y muchas veces no queremos reconocer nuestra situación, hoy en día las personas llenan su vacío con muchas cosas innecesarias…lastimosamente, ojalá pudiéramos darnos cuenta…me incluyo.

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